La Candelaria

Castillejo tiene muchas festividades. Una de ellas, y la primera del año (2 de febrero), es la fiesta de La Candelaria. Esta fiesta católica se celebra en honor a la Virgen de La Candelaria, advocación mariana aparecida en Tenerife.

Se celebra el día dos de febrero y recuerda el pasaje bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén (Lucas 2:22-39): cuando se cumplieron los días para la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor […] y para ofrecer un sacrificio conforme a lo dicho en la Ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.

En Castillejo, días antes del día festivo, se vendían unas papeletas para participar en la rifa de una torta (una tarta) y dos pichones que se ofrecían a la virgen, como cuenta el versículo anterior. Estos presentes los aportaba la familia de cuya hija, o hijas, había hecho la comunión en fechas medianamente cercanas.

Llegado el día festivo, se hacía una procesión sacando en andas a la virgen. Una virgen que porta en su mano derecha una vela y en su brazo izquierdo al Niño. Cuentan que, si durante la procesión no se apagaba la vela, sería un buen año para recoger arzollas (según la RAE, Fruto del almendro, con el mesocarpio todavía verde; el endocarpio, blando, y la semilla a medio cuajarse).

La procesión, presidida por el sacerdote, los monaguillos y las niñas ataviadas con su vestido de comunión y portando la tarta y los pichones, se hacía en torno a la iglesia. El párroco daba a cada uno de los participantes una vela encendida y bendecida que debieran sostener durante la peregrinación.

La música es también un punto muy significativo. Durante todo el recorrido, los feligreses entonaban diferentes cánticos que hacían alusión a la virgen: Al hacer cuarenta días que Jesús nació en Belén, fuiste a Jerusalén a presentar al Mesías, aunque exenta te veías de la Purificación.

Terminados los actos religiosos, se apagaban las velas y el cura procedía a sortear la tarta y los pichones. Todo el dinero recaudado con la venta de las rifas era destinado al culto religioso.

No siempre se ha celebrado esta fiesta en el pueblo, fue recuperada por los paisanos hace tres años. La celebración, hoy en día, no dista mucho de lo que se hacía antaño. La tarta se sigue rifando, los pichones siguen revoloteando en una acomodada jaula y  los cánticos siguen siendo recitados. Solo una cosa ha cambiado: después de los oficios religiosos el pueblo se une en hermandad para disfrutar de una comida popular.

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