Castillejo del Romeral tras el objetivo de un fotógrafo

Hoy escribe… Ra Con Cas.

Ra Con Cas
Ra Con Cas

Mi madre, Magdalena, nos hablaba algunas veces de Castillejo. Cuando de niños le preguntábamos que si “tenía pueblo”, lo normal entre los padres de nuestros amigos que hubieran nacido en un pueblo de la provincia y posteriormente hubieran emigrado a la capital. Como nuestro padre, que había nacido en Beamud (Cuenca). Él sí que tenía pueblo, sin embargo, mi madre decía que no lo tenía. Cuando le insistíamos decía que su madre era de Castillejo del Romeral, Castillejo del Romeral…

Nunca lo había visto, nunca había estado allí. Me lo imaginaba como todos los pueblos: casas y campo, solo eso. Mi abuela, que no conocí, era de Castillejo.

“¿Dónde está?”, era la pregunta. “Camino de Madrid”, decía ella. Yo, que había ido algunas veces a Madrid, no había visto Castillejo ni de lejos.

“Y para el tren allí”, decía mi madre. Eso era lo que más me extrañaba: yo no sabía ni donde estaba y, sin embargo, era tan importante como para que el tren pasara e incluso, que parara.

Nunca fui a Castillejo, asignatura pendiente para mí, aunque nada allí teníamos como para visitarlo. Al pasar los años, y mi madre, a su vejez, repasando la vida como hacen las personas mayores cuando ven que la llama de la vida se apaga, cuando el reloj de su corazón va más despacio, me hablaba de Castillejo.

Un día, no hace demasiados años (todavía vivía ella), me presenté allí una mañana yo solo. Me había informado de cosas con mucha importancia para mí debido a mi afición a la historia y a su patrimonio en la provincia.

La fuente romana, ¡vaya tela!, una fuente romana en Castillejo del Romeral, pocas en la provincia. Me acerqué a visitarla. Poca gente en el pueblo, muy poca, pero en cuanto pregunté por ella me acompañaron a verla. No se puede pedir más amabilidad. Vi las tumbas, la iglesia, intenté encontrar vestigios ibéricos como los orinales de zorra (creo que se llaman), aunque no lo encontré y a día de hoy todavía no conozco.

Le conté a mi madre que estuve allí y le agradó, ¿Cómo no le iba a agradar? Poco tiempo antes de morir, estuvo en Castillejo con su hermano Antonio, visitando a no sé qué familiar. Seguro que me lo dijeron, pero yo no me acuerdo. Fue una jornada muy satisfactoria para ella.

Desde que me falta mi madre, he vuelto varias veces, algo me une a Castillejo, no material, quizá, más espiritual, incluso he intentado encontrar las tumbas de mis bisabuelos, cosa que no he logrado.

Conforme pasan los años, intentamos interesarnos por los que ya no están, por los que le dieron sentido a nuestro existir. De vez en cuando con mi cámara paseo por Castillejo viendo y conociendo sus rincones, su iglesia… Intento imaginar su origen, que seguro sería romano, pienso yo.

Un alto en el camino. En la calzada el espejuelo, el lapis specularis tan apreciado, desde las minas hasta la mismísima Roma.

Todavía me queda mucho por fotografiar, por visitar, por descubrir por mí mismo. Rutinas vuestras que son nuevas para mí, es fácil que alguna vez me veáis en mi próxima visita.

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