Abejas, polen, miel y otra forma de conocer la apicultura

“[…] Dulcísima. Dulce. Este es tu adjetivo.
Dulce como los vientres de las hembras.
Dulce como los ojos de los niños.
Dulce como las sombras de la noche.
Dulce como una voz. O como un lirio […]”

Federico García Lorca, El Canto de la miel, Libro de Poemas, Granada, 1918

Castillejo del Romeral se sitúa en la parte alcarreña de la provincia de Cuenca: recordemos que Cuenca se divide en Alcarria, Serranía, Mancha y Manchuela. Y un producto muy típico de la Alcarria es su exquisita miel.

En Castillejo hay algunos productores de este alimento tan sano y beneficioso para nuestra salud. Beatriz y Alberto empezaron en el mundo de la apicultura hace un par de años por curiosidad. ” Siempre nos habían interesado esos animalillos tan diminutos y sin embargo tan grandes y apasionantes, pero no nos habíamos dedicado antes a ellos, porque ignorábamos todo sobre cuidado”, afirman.

abeja feliz
Diseño de: Silvia Quintas

La miel es un producto producido por las abejas. Éstas recogen el polen de las flores, llegan a la colmena, allí fabrican la miel dentro de los panales, el apicultor recoge la miel cuando cree que es necesario y lista para comer. Este proceso, que tan sencillo parece, viene de épocas milenarias, ya, los primeros pobladores de la tierra, se dieron cuenta de lo beneficioso que es este dulce alimento.

Para los egipcios, este manjar provenía de las lágrimas del dios Ra, y la empleaban para curar cataratas, llagas, quemaduras o cortes, y lo más sorprendente: fabricaban cerveza a partir de la fermentación de la miel. Los griegos por su parte, consideraban que el consumo de miel les proporcionaba la espiritualidad eterna y estaba considerada como un símbolo de sabiduría y conocimiento.

Y es que, hoy en día, está comprobado que la miel es muy saludable: alivia la tos, es muy buena para la memoria, es una gran fuente de energía y, entre otras muchas cosas, algo que parece increíble: resuelve los problemas del cuero cabelludo y la caspa.

Todo esto está muy bien saberlo, pero ¿cómo llega la miel a nuestros paladares y cómo un animal tan pequeño puede hacer algo tan rico? Lo principal es que se pueble la colmena: sin abejas no hay miel. “Es esencial que un enjambre decida asentarse en la colmena, o bien de forma espontánea, o bien llevándolo expresamente. Hace unos años era frecuente encontrar muchos enjambres por el campo; en la actualidad debido a las fumigaciones y a la utilización de determinadas semillas tratadas con repelentes de insectos, es bastante más difícil. Y lo más frecuente es que los apicultores formen sus propios enjambres criando reinas y poniendo cuadros de cría”, declara Beatriz.

El fabricar miel no es dejar que la naturaleza siga su curso, hay que ayudar para que nos salga un buen producto, por eso cada maestrillo tiene su librillo: “dependiendo el apicultor, los cuidados varían. Lo normal es dejarles agua para que no tengan que desplazarse lejos a por ella, ponerles el tratamiento contra la varroa (ácaro que produce enfermedades en las abejas) cuando corresponde, vigilar periódicamente que traigan polen sin problemas, que no sufran rapiña, que la puesta sea correcta, y que la producción de miel no presente dificultades”, añade Alberto.

El preparar el lugar de trabajo de estos insectos tan productivos, no es, tampoco, un trabajo sencillo: “es más laborioso de lo que aparenta, porque hay que prepararles los cuadros para que se extiendan, mantenerlas con el máximo de higiene sus hogares, ponerles el tratamiento obligatorio, vigilar a los posibles depredadores…” continúan.

Lo más importante si queremos saborear una buena miel, es darles una gran cuidado y tratarlas de la manera más natural posible y “con mucho respeto, dedicación, cariño y gratitud. Son unas criaturas que cuanto más se las conoce más se las ama y sería fantástico que contaran con el máximo de protección, pues son indispensables para nuestra propia supervivencia,” asegura Beatriz. Y es que, por culpa del cambio climático y el uso en abundancia de los pesticidas, se está acabando con las abejas.

Según publica el diario digital Bez, en un artículo titulado ‘Adiós abeja, adiós‘, la bióloga Nicole Miller-Struttmann, del Sunny College de Nueva York, ha descubierto hace poco que estos bichos voladores han coevolucionado en los últimos 40 años, reduciendo en un 25% de media la longitud de las lenguas de dos especies de abejorros. Lo que hace que las abejas con lenguas más largas vayan desapareciendo a medida que desaparecen las flores adaptadas a su morfología.

“Aprovecho desde aquí para dar las gracias a todas las personas que brindan protección a estos animales y favorecen el asentamiento y desarrollo de esta actividad, e invito a todos a que conozcan un poco más sobre cómo viven y actúan estos increíbles animales. Estoy segura de que alucinarán,” concluye Beatriz. 

La miel es solo el fruto de un duro trabajo que nos proporciona la naturaleza, y que a su vez nos aporta un gran número de beneficios para mantenernos sanos y fuertes. Federico García Lorca, poeta y dramaturgo, definió así a este dulce manjar de la naturaleza en su poema titulado ‘El canto de la miel’:

“[…] La miel es la epopeya del amor,
la materialidad de lo infinito.
Alma y sangre doliente de las flores
condensada a través de otro espíritu […]”

Federico García Lorca, El Canto de la miel, Libro de Poemas, Granada, 1918

 

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