Estulticia

Por: un nieto de la Tía Gaita.

Me lo estaba imaginando. Y ha sucedido. Ha abierto Ella la boca. Es decir, ha puesto la boca en movimiento antes de poner su mente en funcionamiento. Y eso es necedad e imprudencia.

Estamos en época de elecciones, y casi todos aquellos que pretenden mantenerse como casta política comienzan a sentirse sacerdotes de la palabra. En este caso sacerdotisa del mensaje.

Jose Camino

Sí, se trata de esa señora a la que algunos, probablemente bienintencionados, aunque sin reparar en su error, votaron a la presidenta de la comunidad autónoma a la que pertenece nuestro pueblo.

Como su jefe y otros tantos del partido de la gaviota (de siempre sabido que es ave carroñera), ha comenzado a intentar recabarse de nuevo la sinecura de estar al frente de la presidencia de la comunidad y de su partido, tratando de convencer de que Ella-Ellos, a pesar de las muchas no verdades dichas cuatro años atrás y de los desvaríos de su gestión (mejor dicho tijeretazos al bienestar común sin importar quién caía degollado), siguen siendo los salvadores. Y en realidad han sido salvadores, pero de sus bolsillos y de los de algunos malandrines asociados que se han enriquecido durante estos años, como los delincuentes a los que han protegido y de los muchos corruptos a quienes han amparado.

Esa señora, pues, acaba de enhebrar una frase que al parecer nadie, en verdad conocedor, la da por veraz, como no veraces, por incumplidas, han sido muchas de sus promesas. Su exceso oral es, además, una estulticia del mismo tenor que otras que leo dice su jefe de filas, un señor que cuando aparece ante quienes debe explicaciones suele hacerlo parapetado tras una pantalla de televisión, del modo como hablaba el oráculo: escondido. Y su sacerdotisa de turno interpretaba.

Ha dicho la, dicen, residente de Toledo, una memez acerca de la juventud, que asegura se cura con la edad, para indicar que su jefe, un señor llamado Mariano que se paseó por la Avenida de las Américas de Nueva York, fumando un puro y que el sillón de registrador lo cambió por un sofá en La Moncloa, por su edad sexagenaria, ya está sanado, cuando durante cuatro años, la vez que no ha eructados mentira ha desvariado en el decir. Puesto que así ha sido, es y promete seguir siendo, bendita juventud.

Esa señora (Dolor-es parece), Pedal, Dedal, Cospedal, como quiera que se apellide, acaba de soltar una frase tan falsa como las promesas de su jefe, al cual acaba de corregir, para aclarar que donde dijo aquel 800.000 puestos de trabajo creables (increíbles), serían 500.000. Parafrasea la letrada que “Los dioses, cuando quieren castigar a la gente, envían reyes jóvenes”. Debe entenderse que no se refiere al rey en funciones, tan joven, sino a aquellos “reyes” a los que, según parece, los electores parecen preferir, según las encuesta, para gestionar los asuntos públicos, y no a ellos, “dioses” no solo maduros sino, a mi entender, por los efectos de su gestión y por el tenor su ideología, rayanos en la última edad de la vida según la división que de ella hacía el obispo de Hipona: la decrepitud.

Es delirante esa señora, a quien las cosas le deben de haber ido muy bien durante estos años de corrupción corporativa. Pasa lo mismo con las otras dos des-Gracias que la acompañan a veces en las apariciones públicas: la que se presenta para alcaldesa de Madrid y aquella otra que tuvo un accidente de moto y que es gobernadora, si se juzga por el cambio de modelito cada día que aparece en público.

Covarrubias, un señor que fue canónigo de la catedral de Cuenca, con cuyo tesoro Ella debería instruirse, escribe que de la necedad hay un enigma que dice: “¿Qué cosa tiene la gente/que no sabe conocella/hasta que se ve sin ella/y entonces, el que es prudente/procura de sí expelella?”. Y luego aclara citando a Seneca, que “Más vale ser pobre que necio, porque el pobre tiene necesidad de dineros, y el necio de razón”.

Este capellán de un antecesor homónimo del rey actual, recuerda asimismo un pensamiento de Erasmo apropiadísimo para la reflexión antes de votar no solo en estas elecciones y no solo a la señora mencionada o a cualquier caballero, fume puro o Celtas cortos: “Cuanto es mayor el poder, tanto es más dañoso si cae en hombre necio o malo“.

Pues ya lo sabéis lectores del periódico de Lucía: hay que seguir votándolos. Por si no han tenido suficiente poder, por si no es bastante la decrepitud, por si no dicen bastarda estulticia y necedad.

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